La Ría de Bilbao es la base y la razón de ser de la ciudad. La arteria marítimo-fluvial que permitía desde antiguo la entrada de la navegación hasta el primitivo casco antiguo, ha contemplado con el paso del tiempo el devenir histórico que ha transformado aquel pequeño y humilde puerto en la Conurbación más importante de todo el norte de la Península Ibérica. Han transcurrido siete siglos que han transformado de una manera radical el trabajo que la madre naturaleza había realizado.
Con el paso de los años, aquel cauce natural fue siendo domesticado. Se dragaron los fondos, se encauzaron las mareas, se canalizaron las orillas, y los catorce kilómetros que separan Bilbao del mar, fueron cubriéndose de muelles, dársenas, astilleros, almacenes, fábricas y casas. La zona portuaria se fue concentrando en los muelles de Atxuri, el Arenal y la desaparecida isla de Uribitarte. Los astilleros se situaron en Deusto y Olaveaga, y los Altos Hornos se levantaron entre Baracaldo y Sestao, en terrenos desecados del antiguo estuario. Así fueron desapareciendo playas, arenales, islas y finalmente el propio estuario.

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