Desaparece La Granja.
El Cafe Bar Bilbao se renueva

Café Bar Bilbao

Amaia Mujika Goñi
Bilboko Euskal Museoko
Etnografia saileko arduradun teknikoa

Coincidencias del destino, el mismo día en que El Café La Granja bajaba definitivamente la persiana; el Café Bar Bilbao reabría tras un lavado de cara.

El 21 de diciembre de 1922, coincidiendo con la festividad de Santo Tomás, se abrió, en la Plaza Nueva, el Café Bar Bilbao.

Sus propietarios Severo Unzue y Miguel Madariaga inauguraron un local totalmente remodelado por el decorador Luis Lerchundi Sirotich sobre un salón de té y café existente, al que dotaron de mostrador. El Sr. Unzue, que ya era propietario del Café Iruña desde 1903, abriría en 1923 el Bar café Gayarre de la calle Iturribide 6, vendiendo entonces su parte del Café Bar Bilbao a su socio Miguel Madariaga.
En la década de los 40, La Cervecera Vizcaina embargó el local por impago a sus tres propietarios, Odriozola, Amuriza y Echebarria, por lo que al poco tiempo Alejandro Baztan Unzue y Justo Ursúa, tio y sobrino, oriundos de San Martín de Unx y camareros en el Iruña, se asocian y cogen el bar, donde trabajarán hasta su jubilación sin introducir ningún cambio en su decoración.

“Curiosamente, en uno de los muros interiores del local, encontramos un escudo de la Villa, donde los lobos son sustituidos por una figura ecuestre del Apóstol Santiago”

Dos de los hijos de Alejandro, Cándido y Fco. Javier, entraron a trabajar en el establecimiento a temprana edad, manteniéndose en el mismo hasta que, jubilados, lo traspasaron el 31 de mayo de 1992 a su actuales propietarios, herederos a su vez de otra reconocida saga de hosteleros bilbainos, la de Pedro Martínez Basterra.
A pesar de los traspasos y las inundaciones de 1983, que se llevaron todos los recuerdos de sus antiguos propietarios, la decoración del local se ha mantenido, y aún hoy podemos disfrutar del mostrador original con repisa de mármol, el revestimiento cerámico de sus paredes y las decoraciones de escayola y madera labrada del techo.

Curiosamente, en uno de los muros interiores del local, encontramos un escudo de la Villa, donde los lobos son sustituidos por una figura ecuestre del Apóstol Santiago, reproduciendo así parte de un tríptico diseñado y miniado del Archivo Municipal bilbaino y que, en opinión de Teófilo Guiard, responde a un proyecto de reforma del blasón del Consulado de Bilbao que no se llevó a cabo.

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